
Así lo vive el espectador.
Antes de empezar, envías un correo al espectador y le pides que espere para abrirlo.
Le entregas un cubo de Rubik de 3×3 para que lo mezcle a su gusto. Cuando termina, elige una cara y la orientación en la que quiere mostrarla.
El espectador abre el correo que recibió al principio. Dentro encuentra una fotografía del cubo sobre una mesa: los nueve colores de la cara frontal coinciden con su elección, casilla por casilla y en el mismo orden.
Así llega al correo.
El mensaje reúne la predicción y la fotografía del cubo en una sola imagen, con la cara elegida en primer plano.
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